sábado 28 de enero de 2012

América Latina y la biodiversidad

Este es una breve reflexión basada en  el documento Carta a la Tierra:


América Latina es reconocida como una región muy rica en biodiversidad. Sin embargo a la fecha hay muy poco entendimiento sobre el tema, el cual se manifiesta en diversas acciones que perjudican el sostenimiento de riqueza tan inigualable.

Al ser un ciudadano peruano, para explicar lo arriba señalado, voy a tratar el tema del Perú, del cómo siendo un país reconocido como uno de los 5 países más ricos en biodiversidad es a la vez uno de los que más descuida el tema, generando de esta manera la propia semilla de su desgracia.

Perú tiene riquezas naturales muy vastas. Son tan numerosas que a veces conviven entre ellas. Es así que se puede encontrar oro en medio de la selva virgen o gas en medio de una reserva natural. A pesar que al día de hoy hay una alta tecnología que permite la explotación de los recursos naturales sin que perjudique el hábitat o la biodiversidad, una mezcla de malos políticos con empresarios que buscan el mayor beneficio hacen posible que se destruyan gran cantidad de hectáreas en donde se encuentra una gran riqueza biológica, natural.

En el sur de la selva peruana, en uno de los lugares catalogados como de los más bellos del Mundo (la selva del Pichis Palcazu), hay gran cantidad de oro. Ello ha generado que se produzca una invasión de personas y empresas que, de manera informal o formal, se dediquen a su explotación. Esta actividad ha traído un fenómeno devastador: la deforestación, que no sólo se agota en ello, sino que trae como consecuencia adicional que las cuencas hidrobiológicas se vean perjudicadas por el uso irracional de elementos como el cianuro que dañan la flora y fauna de la selva amazónica. La minería informal es muy dañina. Pero la minería formal también hace daño, a su manera, cuando en aras de la ganancia inmediata y máxima no utiliza tecnología de punta para la explotación del recurso mineral.

Sin embargo hay otra faceta que es necesario señalar. La selva peruana es riquísima en especies vegetales. De las diversas composiciones químicas de un vegetal, se pueden extraer compuestos químicos que luego se convierten en medicinas. Es decir, la selva peruana, es un gigantesco laboratorio, el cual aún no ha sido explotado a cabalidad.

Los científicos indican que un biólogo especializado puede dedicar toda su vida al estudio de una planta. La riqueza que contiene es múltiple y bien merece una plena dedicación.

Si entendiéramos de esta importancia, tal vez daríamos prioridad a la formación de científicos para que se dediquen al estudio y explotación racional de plantas que sólo crecen en zonas tropicales. En ese sentido estaríamos haciendo una actividad sostenible que beneficie al Perú por una parte y por otra permita que la selva siga manteniendo su esplendor natural. Sería una forma de cumplir con los lineamientos expresados en la Carta a la Tierra, que nos sugiere una explotación racional y sostenible de los recursos del planeta. Pero no lo podemos hacer. ¿Saben por qué? Porque no nos pertenece y no es “nuestra” porque  lamentablemente no existe el contingente de científicos adecuado que permitan el estudio técnico, sostenible y racional de nuestra biodiversidad.

Una fórmula interesante es la que viene practicando Costa Rica, país el cual para preservar su riqueza de parajes natural, ha permitido que laboratorios muy importantes estudien en lotes determinados de la selva centroamericana, sin deteriorar el hábitat de la biodiversidad. Esto es un esfuerzo de largo plazo que dará sostenibilidad al recurso y permitirá la conservación de la zona. Pero para ello se requiere de adecuadas políticas públicas, de pensamiento de largo plazo y de una ciudadanía consciente de que esta es una medida que conviene a todos.

La Carta a la Tierra es una forma de levantar la voz para cuidad aquello que es nuestro hogar y que merece llegar en similares o mejores condiciones a las futuras generaciones. Y ello requiere de un esfuerzo máximo y solidario de aquellos que hoy tenemos el privilegio de habitar la tierra, tomar agua, admirar un paisaje, respirar aire aún no contaminado. Lo mismo merecen las generaciones venideras.



Juan Sheput